La peligrosa estupidez del revisionismo histórico

Acabo de leer en Twitter que Alemania va a pedir perdón a Namibia por haber provocado un genocidio hace 100 años. Lejos de leerlo en un tuit aséptico o meramente descriptivo, el resto del contenido del mismo era una queja a que en España no se haga lo mismo con latinoamérica. “Aquí seguimos esperando a que el rey Felipe VI pida perdón por los crímenes de la Conquista española en América” reza el final del tuit. Seguimos esperando. Me imagino que ese plural mayestático engloba a la autora del tuit y a la caterva de indocumentados que opinan lo mismo, que casualmente suelen ser de izquierdas. Porque no creo que ni el españolito de a pie ni el peruano, colombiano, venezolano o en general latinoamericano de a pie anden más preocupados por una guerra del año 1500 que con llegar a fin de mes en 2021 o no coger el covid.

Lo primero que me viene a la cabeza cada vez que leo a un revisionista es cuando nos contaron en el instituto que Juan Ramón Jiménez se pasó gran parte de su carrera literaria reescribiendo sus versos porque los revisaba con los años y ya no le parecían tan buenos, o no le representaban, o le daba vergüenza, quién sabe. Escribió más de 60 obras y llegó a ganar el premio Nobel. Qué no habría conseguido este genio de las letras si hubiera dedicado a crear más en el tiempo que le ocupó reescribir lo ya escrito.

La verdad es que no puedo entender qué pasa por la cabeza de una persona que dice que hay que actuar en 2021 sobre los hechos que ocurrieron en el año 1500. ¿Por qué la España del siglo XXI debe responder ante los hechos del siglo XVI? ¿Y por qué ese siglo? ¿Debemos entender que la supuesta “reparación” debe hacerse desde esa fecha hacia la actualidad? Porque entonces habría que exigir también a los franceses que nos pidan disculpas por la invasión de España en el siglo XIX. O que el Rey Felipe VI pida perdón porque Fernando VII vendió España a Napoleón. En este delirio reformista lo mismo el presidente de la Xunta de Galicia debería pedir perdón al resto de España por el alzamiento de Francisco Franco, yo qué sé.

¿Pero por qué desde la Conquista de América hacia acá y no hacia atrás? ¿Quién decide dónde ponemos la línea del ‘pelillos a la mar’? ¿Puedo yo como andaluz exigir al Gobierno de Castilla que pida perdon por invadir Al-Andalus? O más atrás: que Andalucía exija al reino de Marruecos la invasión de Omar Al-Tariq en el 711. O todavía más atrás: el rey Felipe VI debería exigir disculpas al Gobierno de Italia por la invasión del Imperio Romano. Llegados a este punto delirante me entra la duda de a quién deberíamos pedir explicaciones y disculpas por el genocidio del pueblo Íbero y el Tartesso.

Este reformismo ridículo y grotesco además es aún más sonrojante cuando el ignorante de turno saca en concreto el tema de la Conquista de América porque la Historia de verdad, la de los datos, nos indica que no exisitió eso que llaman ‘el genocidio de América’, sino que forma parte de la Leyenda Negra de España, una conjura para desprestigiar la Historia de España que compran hasta los propios españoles.

A poco que lea uno algo del tema (y yo no soy historiador, me refiero a libros de consumo popular) o escuche algún podcast sobre el asunto (por ejemplo ‘A la conquista de los conquistadores‘, de La Escóbula de la Brújula) puede encontrar datos como que la Reina Isabel la Católica prohibió expresamente a Cristóbal Colón hacer esclavos más que cuando se tratase de prisioneros de guerra (lo habitual) porque esos que acaba de conquistar “son ahora mis súbditos también”.

También es fácil encontrar a golpe de Google el dato de que España fundó 23 universidades en terrtorio conquistado (cuando la Gran Bretaña fundó Harvard España ya llevaba 10, y Portugal, Francia y Holanda ninguna). Es más, algunas de esas 23 universidades tenían cátedra de lenguas indígenas. Qué poco genocida me resulta querer integrar el idioma de tus represaliados en tus instituciones de enseñanza. De las que, por cierto, llegaron a salir 150.000 licenciados. Salvo que se traten de 150.000 españoles de la metrópoli que se fueron a latinoamérica a estudiar con una beca Erasmus, vuelve a parecerme raro invertir tanto dinero y esfuerzo en personas que antes o después vas a masacrar, no sé yo…

Juzgar el pasado con los ojos del presente demuestra una miopía intelectual de proporciones bíblicas. Es una pérdida de tiempo. No aporta nada. Es sembrar cizaña por deporte. Lo bueno es que son sólo cuatro majaras. Lo malo es que son majaras muy ruidosos, y cada cierto tiempo se le cruza a uno por redes sociales una sarta de sandeces que no te dejan otra que suspirar y decir ‘bendito sea el botón silenciar’.